HOTEL RURAL CON SPA EN VIZCAYA

Alguien dijo una vez sobre Lola Flores: "no canta, no baila, no dejen de verla". En este caso podemos decir algo muy parecido: "no es el mejor hotel, no tiene el mejor restaurante, no dejen de ir al menos una vez" si quieren saber lo que es la auténtica hospitalidad profesionalizada.

El Hotel Etxegana es uno de esos hoteles boutique con encanto, ubicado en un privilegiado paraje natural de los que impresionan nada más llegar. Probablemente hay sitios más lujosos donde ir, pero no es nada sencillo encontrar de lo que allí se ofrece. Cuenta con una decoración elegante y refinada pero nada recargada, con una curiosa mezcla entre lo asiático y lo vasco que no chirría en ningún momento. Al Extegana se llega en dos patadas desde Bilbao por la carretera nacional que une a la capital vizcaína con Vitoria, la autonómica, tomando un desvío que nos lleva por una ruta idílica donde las haya. El edificio del hotel tiene empaque y encaja perfectamente en un entorno exhuberante de verdor y naturaleza. Nada más llegar te reciben gloriosamente y hacen sentir invitado más que huésped. Estamos en un hotel con vistas y para los urbanitas la panorámica que se divisa es de las de postal, nada más que falta el recuadro para poner el sello.



El Etxegana es hotel y es rural. Quiero decir que encontraremos unos servicio de hotel de calidad y nos hallaremos en una zona rural pero sin renunciar a las comodidades de los mejores hoteles urbanos, wifi gratuito incluido. Dispondremos de un restaurante con un atractivo menú de cena a precio comedido, con la tradicional calidad vasca y cocina creativa pero sin pasarse. Una carta de vinos a precios asequibles y con referencias muy conocidas nos amenizará la velada. Los desayunos se sirven en la mesa y con zumo de naranja estrictamente natural, como debe ser.

En los dormitorios han cuidado mucho los detalles y cada habitación parece reluciente y flamante, como acabada de inaugurar, con una limpieza obsesiva y suelos cerámicos. Buenas camas, con excelentes colchones y lencería.  Por cierto que tienen hasta aire acondicionado por si algún día hace calor. El hotel es muy silencioso e íntimo y da la impresión de estar en el quinto pinto, cuando en realidad tenemos las tres capitales vascas a un tiro de piedra por preciosas carreteras de paisaje desbordante.

Aquí se viene a dormir y comer pero sobre todo a disfrutar de una experiencia hotelera diferente, ya que el nivel de calidad que recibe el cliente es excepcional. Los propietarios están al pie del cañón y se desviven por la clientela con mimo, como si todos los clientes fueran VIP. Esa es una de las ventajas de los hoteles pequeños, en los que se está pendiente de las necesidades de los alojados. El hotel no llega a las veinte habitaciones y el trato es sobresaliente.


El hotel también cuenta con un sencillo spa en el que no hay ninguna aglomeración y se puede disfrutar de forma privada. Es pequeñito pero no hay que compartirlo con un montón de gente. Dispondremos de sauna con vistas, baño turco, jacuzzi y piscina, ideal para remojarse a gusto durante una hora, por ejemplo antes de la cena o después del desayuno.

Los precios van en consonancia. Ni te regalan nada ni te meten una clavada. La calidad se paga en su tarifa justa. Este no es uno de esos sitios de 50 euros por noche pero tampoco te vas a arruinar ni mucho menos por una noche romántica en la que sorprender a tu pareja y demostrar el buen gusto que tienes. El nivel de satisfacción al acabar la estancia es lo que te deja la impresión de haber invertido muy bien el dinero.

Toda la información muy detallada y con una buena visita virtual en